Entre mi mente y tú, no hay distancias,
solo delirios de breves momentos,
pensamientos que cruzan sin fronteras
al compás silencioso de los vientos.
En cambio, entre mi corazón y el tuyo,
hay un vasto océano de sensaciones,
con ciegas borrascas de palpitaciones
y erupciones de pasiones en murmullo.
Navego tus aguas sin carta ni mapa,
al ritmo que impone la firme marea,
buscando en la sombra que todo lo tapa
la luz de tus ojos que me sabotea.
Que vengan las olas, que ruja el abismo,
que ardan el pecho y la piel entregada,
pues perderse en tu cuerpo es el único sismo
que deja a mi alma por fin calmada.
Y tras la tormenta que quema y devora,
sucede el milagro de la mansedumbre:
un viento suave que llega a la aurora
guiando la nave hacia tu costumbre.
Anclamos la vida en el mismo puerto,
donde lo que tengo se vuelve canción,
donde la certeza de saber lo cierto
es habitar juntos en un solo corazón
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