Estar distante no significa estar ausente, pues nos queda mucho tiempo en frente, muchos atardeceres por admirar, y muchos besos por disfrutar.
Aunque mi motor es silencioso, sabe perfectamente lo que tiene en lejanía, pues por ahora estamos distantes, mi pensamiento es tu cercanía, y me aferro a tus locuras, aquellas que las derramas con ternura.
Que se callen los mapas y que hable el deseo, ese que habita en el hueco que deja tu mano; no necesito verte para saber que te creo, ni tocarte para sentir que no te amo en vano.
Por allí vamos retomando el sentido, de todo aquello que vivimos, y no solo por lo que te digo, sino por aquello que disfrutamos.
Son los rastros del alma, las huellas compartidas, el refugio seguro donde siempre regresas; no hay distancia que borre nuestras vidas unidas, ni silencio que opaque la fe en tus promesas.
Sin promesas no existe certeza, pues en la más noble pureza, mi corazón late más despacio y también a prisa, aunque eso me lleve de vuelta hacia tu sonrisa, esa que me contagia día a día.
Y en ese vaivén de latidos y calma, se escribe la historia que nadie improvisa; porque estar lejos no le quita el alma a quien vive colgado de tu eterna sonrisa.
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